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El estrés ¿enfermedad del nuevo milenio?

En 1956 el Dr. Hans Seyle definió por primera vez al estrés como la respuesta fisiológica inespecífica de nuestro organismo, en su intento por adaptarse a una situación de cambio externo. De acuerdo con esta definición el fenómeno del estrés debería ser considerado como beneficioso para nuestro organismo. Sin embargo, se lo asocia regularmente con estados nocivos para la salud y por tal motivo su mención tiene en la mayoría de los casos una connotación absolutamente negativa.

El mecanismo del estrés es necesario para resolver numerosas situaciones de nuestras vidas por lo que su activación no es el problema en sí, sino que el verdadero problema radica en que esta activación se mantenga en forma sostenida en nuestro organismo. Pegar un volantazo en la ruta para esquivar un animal requiere entrar en un estado de estrés instantáneo y este es sólo un ejemplo sencillo de su gran utilidad. Cuando permanecemos estresados a lo largo del tiempo es como si estuviésemos en una especie de “ESTADO DE ALERTA ROJO” constante, caracterizado por niveles de hormonas en sangre más elevados que los habituales. Es así como la sangre se inunda con hormonas como las catecolaminas (adrenalina y noradrenalina), el cortisol, la prolactina y los opiáceos naturales como la beta-endorfina que tienen como objetivo, cargarnos de energía y ponernos en movimiento para resolver la tensión emocional que estamos enfrentando en ese momento. Cuando nuestras respuestas no están en sintonía con los factores que generaron la activación del estrés, éste mecanismo se mantiene operativo en forma constante, lo que lleva con el tiempo al derrumbe del organismo. Es importante destacar que el estrés es acumulativo y en la medida en que no logramos identificar el o los motivos que le dieron origen, nuestra capacidad de adaptación va en disminución con efectos terribles sobre el organismo. En estudios publicados en los Archives of Internal Medicine (1993) por el psicólogo de la Universidad de Yale, Bruce McEwen, se analiza la relación directa entre estrés-enfermedad. Dicho documento menciona los efectos nocivos que trae aparejado un estado de estrés sostenido.

Bloquea el sistema inmunológico; Esto se da en procura de canalizar las energías hacia la emergencia más inmediata
Predispone a la aparición de metástasis de cancer y aumenta la vulnerabilidad a las infecciones virales
Exacerba la formación de placa que conduce a la arterioesclerosis y la coagulación que provoca el infarto de miocardio
Acelera el inicio de la diabetes tipo I
Desencadena y empeora los ataques de asma
Provoca la ulceración del aparato gastrointestinal
Provoca daños en el hipocampo, organo del cerebro responsable de la memoria
Aumenta la presión sanguínea
Predispone al desarrollo de artritis y la aparición de dolores de cabeza crónicos


Circuito del estrés


Comencemos por interpretar el proceso que lo origina. En el siguiente cuadro podemos analizar un circuito posible que conduce a la activación.


A diario nos vemos afectados por diferentes estímulos externos o estresores que modifican nuestro estado de equilibrio natural y que nos llevan a la toma de decisiones en un intento por adaptarnos a la situación de cambio que experimentamos. (Estresores más comunes: el tráfico, los plazos laborales, los compromisos, la enfermedad propia o la de un ser querido, las discusiones de pareja, los objetivos no cumplidos, las frustraciones, los miedos, etc.)

Siguiendo el circuito descrito más arriba vemos que el estímulo externo (ESTRESOR) es interpretado de forma inconsciente y automática por el cerebro racional, quien le asigna un determinado significado de acuerdo a un modelo mental o estructura de pensamiento preestablecida por el individuo. Si la inferencia a la cual se arriba es preocupante, se dispara a su vez una respuesta emocional desde el sector del cerebro responsable de las emociones que origina la aparición de la (ANSIEDAD). Con la aparición de la ansiedad se produce la liberación de hormonas en sangre definiendo de esta forma una respuesta fisiológica (ESTRÉS), que nos carga de energía interna en un esfuerzo por movilizarnos hacia la acción: (DECISIONES).
Hasta aquí no hay mayores inconvenientes…

Los problemas aparecen cuando la ansiedad se sostiene en el tiempo (ansiedad crónica), por lo que el mecanismo de adaptación al cambio no se interrumpe en ningún momento y esto puede ser producto de la gran cantidad de estresores presentes en nuestro entorno cotidiano y/o de interpretaciones inconscientes distorsionadas de esos estresores. Estamos en situación de emergencia permanente. En un intento por proteger nuestra salud intentamos combatir a menudo los efectos del estrés, a través de numerosas prácticas orientadas a paliar los síntomas asociados a esta supuesta enfermedad. Es así como incurrimos en dietas de bajo contenido salino para regular la presión sanguínea, acudimos a la práctica de actividades físicas que nos ayuden a quemar el exceso de energía interna que generamos, nos sometemos a tratamientos de quiroprácticos que nos permitan relajarnos, acudimos a los fármacos para poder regular el sueño y los problemas gastrointestinales, etc., etc. Estas decisiones que tomamos a diario para resolver la tensión emocional que generan los estresores externos, son de gran utilidad para combatir “momentáneamente” los efectos de tener los mecanismos de adaptación operando las 24hs., pero inciden muy poco en la resolución definitiva del problema, ya que todas estas iniciativas están orientadas a combatir precisamente los efectos y no sus causas.

¿Cómo gestionar el estrés?

Trabajar sobre las causas implica conectarse con el estado anímico procurando escuchar lo que intenta decirnos. La atención deberá estar puesta entonces sobre los estresores y sobre las interpretaciones que damos a los eventos cotidianos. Algunos de los siguientes consejos podrán ser de utilidad dependiendo de cada caso en particular.

- Eliminar estresores de tipo físico como por ejemplo el ruido, contaminantes ambientales, condiciones laborales, una mala alimentación, la falta de descanso, etc.

- Eliminar estresores sociales resolviendo conflictos interpersonales, intentando alejarse de situaciones de riesgo en las calles, cambiando de actividad laboral, etc

- Eliminar estresores psicológicos trabajando por ejemplo los miedos, las inseguridades, o la baja autoestima.

Algunos de estos estresores pueden eliminarse facilmente tomando las decisiones necesarias para alejarnos de los entornos que los contienen. Otros requieren de un procesamiento más interior y de una evolución hacia un nivel de conciencia más elevado. Esto puede lograrse a través de distintas disciplinas que fomenten el autoconocimiento y el crecimiento personal, y fundamentalmente que contribuyan a mejorar nuestro entendimiento de los procesos de cambio en los que estamos inmersos y como reaccionamos ante ellos.

Hasta pronto.-

 

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