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¡Mi
vida es muy agitada! Corro todo el día: reuniones,
llamadas telefónicas, mails, trámites, etc.
Me exijo hasta el límite, caigo muerto en la cama
y me levanto temprano a la mañana siguiente para
empezar de nuevo. Mi desgaste es impresionante, porque
hago muchas cosas. Ya
vendrá el momento de disfrutar la vida… el
próximo fin de semana largo me hago una “escapada”
a algún lado porque no doy más…, sin
embargo a veces me pregunto:
¿Es esto todo? ¿Se justifica el precio que
estoy pagando con mi salud, mis relaciones, mis deseos
y mis sueños? ¿Habrá alguna otra
forma? ¿Qué hago que sea realmente importante
para mí? Debo admitir que no lo sé…
Algunas
veces en nuestras vidas, quizás a consecuencia
de alguna llamada de atención como puede ser una
situación de crisis, la noticia de una enfermedad
grave, la adicción a las drogas de nuestro hijo,
el fallecimiento de un ser querido, la pérdida
del trabajo que nos brindaba seguridad, etc., nos encontramos
con estas preguntas. En ese momento nos damos cuenta de
todas las cosas verdaderamente importantes que no hemos
hecho y que en muchos casos probablemente nunca más
podremos hacer, porque hemos definido toda nuestra existencia
sobre el Paradigma de la Urgencia. Otras veces en situaciones
menos traumáticas pero igualmente angustiantes,
hemos obtenido lo que tiempo atrás habíamos
fijado como meta, y a pesar del logro y el reconocimiento
de parte de nuestro entorno social, sentimos una sensación
de vacío interior que nos desconcierta. Al haber
definido la felicidad únicamente en términos
de logro profesional o económico percibimos que
el éxito obtenido no nos brinda la satisfacción
esperada.
En nota de tapa publicada en el año 1990, la revista
FORTUNE hace mención a los efectos nocivos de las
rutinas de trabajo “full life” (Tiempo completo)
de los ejecutivos, destacando estadísticas verdaderamente
alarmantes. Según estudios efectuados en Michigan-USA
por la prestigiosa Institución Ann Arbor, cerca
del 40% de los hijos de ejecutivos se someten a tratamientos
psiquiátricos o son adictos a las drogas.
Peter Senge describe en su famoso libro “La Quinta
Disciplina”, como el desequilibrio entre el trabajo
y la familia genera un sistema reforzador que tiende a
generar cada vez más desequilibrio, y por varias
razones ese desequilibrio se orienta hacia el trabajo.
Uno de los principales motivos de esta tendencia es que
el escaso tiempo en el hogar genera relaciones familiares
insatisfactorias, lo que se traduce en menos deseos por
pasar más tiempo en un hogar problemático
y el trabajo resulta la perfecta excusa para evitar estos
momentos de angustia. Este desequilibrio no se corrige
con el tiempo sino que por lo general empeora…
El paradigma de la urgencia no sólo tiene efectos
sobre nuestros vínculos; vivir atendiendo urgencias
implica vivir con elevados niveles de adrenalina en nuestro
organismo. Esto se debe a que frente a estados de
alerta, la amígdala (órgano del sistema
límbico de nuestro cerebro) emite una respuesta
emocional: la ansiedad, que produce la liberación
de distintas hormonas entre las que se encuentran la adrenalina,
la noradrenalina, el cortisol, etc... La presencia de
estas hormonas en forma constante en nuestro organismo
(estrés), afecta sensiblemente el funcionamiento
del sistema inmunológico responsable de nuestras
defensas frente a virus, bacterias, e inclusive el cáncer.
A sabiendas de que vivir apagando incendios todo el tiempo
afecta nuestra salud, la calidad de nuestros vínculos,
nuestra efectividad en todas las áreas y la realización
de nuestros sueños...
¿cómo
es posible que no podamos interrumpir este ciclo autodestructivo?
Hay muchas respuestas posibles para esta pregunta…
Desde
lo fisiológico
podríamos decir que la adrenalina nos produce una
sensación vigorizante de energía y entusiasmo,
efecto que quizás determine en muchos casos comportamientos
adictivos hacia la misma. Desde lo social,
el estar siempre ocupado y con exceso de trabajo se ha
transformado en un valor instalado en el inconsciente
colectivo; si estamos ocupados somos importantes;
si no estamos ocupados nos da vergüenza admitirlo.
Desde lo psicológico
podríamos decir que el estar ocupado nos permite
llenar el vacío que producen las necesidades insatisfechas…
Charles Hummel escribe en su obra “La Tiranía
de lo urgente” que lo importante rara vez debe hacerse
el mismo día ni tampoco las misma semana en que
surge… Lo urgente exige acción inmediata…La
atracción momentánea de lo urgente parece
irresistible y consume la energía de la persona.
El problema no radica en la urgencia en sí misma,
sino en que cuando la urgencia es el factor dominante
en nuestra vida, lo importante pierde valor y consideramos
que primero es lo urgente. Estamos tan atrapados en las
tareas que ni nos detenemos a pensar si lo que hacemos
es realmente necesario. La clave para salir de esta encrucijada
pareciera estar más del lado de nuestra “brújula
interior” que de “nuestro reloj”. Aprender
a administrar eficientemente nuestro tiempo no es suficiente
ya que siempre tendremos muchas más tareas a realizar,
de las que entrarían en cualquier agenda. Para
terminar el día con la sensación del deber
cumplido, necesitamos desarrollar una conciencia personal
que nos oriente en la definición de prioridades.
Algunos consejos que pueden ser de utilidad
para esta tarea:
Destinar un espacio físico y temporal para la reflexión
y la escucha interior
Prepararse para enfrentar los mecanismos defensivos típicos
de la resistencia al cambio como por ejemplo: la racionalización
o justificación / la culpa hacia uno mismo y hacia
los demás / el cinismo / la negación / el
perfeccionismo / la soberbia / etc.
Interpretar las señales en nuestro cuerpo (afecciones
psicosomáticas) y en nuestros vínculos más
cercanos, que pueden estar indicando que tenemos cosas
importantes a las que no estamos prestando la debida atención
Adquirir y desarrollar nuevas habilidades intra e interpersonales
Abrir el diálogo y compartir nuestros pensamientos,
deseos y valores con los demás
Asumir una actitud crítica sobre los “debería
ser o no ser” y “debería hacer o no
hacer”
Tomar las emociones y sentimientos aparentemente negativos
(angustia, tristeza, desgano, ansiedad, incertidumbre,
estrés, bronca, frustración, etc.) como
oportunidades de aprendizaje. Siempre hay una razón
para que experimentemos estos estados y la conciencia
puede ayudarnos a encontrar el motivo. No reprimamos…aceptemos
e intentemos entender…
Ejercitar el hábito de “no juzgar”
tanto personas como situaciones
Animarse a soñar
Stephen Covey menciona en su libro “Primero lo Primero”
que mucho más importante que hacer las
cosas de forma correcta (RELOJ-AGENDAS; EFICIENCIA)
es hacer las cosas correctas (BRÚJULA
INTERIOR-CONCIENCIA; EFECTIVIDAD)… Suscribirnos
al Paradigma de la Importancia es un proceso y no un resultado
en sí mismo, y requiere de esfuerzo, paciencia,
dedicación y sobretodo coraje.
Una reflexión final… Nuestro presente es
consecuencia inexorable de las decisiones que nos hemos
permitido tomar en el pasado. Poco sentido tiene mirar
hacia atrás con un ojo acusador, ya que la culpa
se transforma rápidamente en angustia o tristeza,
contribuyendo a reforzar desequilibrios como el que mencionamos
anteriormente. Necesitamos en cambio de una mirada apoyada
en la aceptación y orientada al aprendizaje, que
nos permita tomar decisiones más sabias en el presente
y construir de esta manera un futuro de mayor bienestar,
salud, felicidad y paz interior.
Hasta
pronto.-
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