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La oportunidad de vivir el presente

Es habitual que nuestra atención se mueva pendularmente entre lo que nos sucedió en el pasado próximo y lo que sucederá en el futuro cercano. Es que aquello que nos sucedió en la última conversación con nuestro hijo, o la preocupación ante expectativas laborales que podrían no satisfacerse en el próximo mes, saturan nuestra mente de pensamientos que se proyectan en direcciones antagónicas. Estos pensamientos actúan como si se tratase de fuerzas que nos tironean en sentidos contrarios, pudiendo generar las condiciones apropiadas para una fractura temporal-existencial.

El tomar la memoria como punto de referencia interno y la imaginación como recurso creativo son habilidades altamente valiosas, sin embargo, la madurez se pone en juego en la forma en que nos movemos en el tiempo presente. Es que en realidad el presente como intersección temporal, es el único momento que realmente existe. La mayoría de las tradiciones religiosas destacan la importancia de atender ese presente. El Dr. Josep Murphy, pionero de la programación neuro-lingüística cuenta que fue presentado a un conocido maestro zen al que le preguntó: "Maestro, ¿Cuál es la auténtica escencia del Zen?". El maestro sin vacilar le contestó: "Comer, hablar, caminar,..." Sorprendido por la respuesta el Dr. Murphy le respondió: "Sí, sí, ciertamente, eso lo hacemos todos a diario". El maestro sonrió y agregó, "Ciertamente. Pero nosotros cuando comemos, comemos, cuando hablamos, hablamos y cuando caminamos, caminamos. Lo que la gente normalmente hace es las tres cosas simultáneamente y a menudo, sin ser conciente de ninguna". Estamos tan abrumados con lo que nos pasó y con lo que podría pasar, que perdemos el registro de lo que nos está pasando. La desconexión con el aquí y ahora nos lleva a la desconexión con la vida misma, ya que es en su microcosmos donde todo se crea.

La importancia de vaciar el pasado

El pasado es sin dudas la materia prima más valiosa que utilizamos para elaborar un sentido al presente. Todo lo que vemos e interpretamos a diario se basa en la comparación con información almacenada en la memoria. Es que es de esta forma como nuestro cerebro funciona. Para que algo nuevo pueda ser entendido o incluso visto, es necesario que haya algún elemento en la memoria desde donde anclar su significado. Una interesante leyenda cuenta que,... cuando las naves españolas que descubrieron América aparecieron en el horizonte, no pudieron ser vistas por los indígenas que habitaban en las costas del Mar Caribe. Si bien tenían todas las funciones orgánicas para poder verlas, no accedían a este registro porque no tenían ninguna referencia anterior en la memoria desde donde establecer el puente cognitivo que les permitiera comprender que es lo que allí sucedía. Las confundían con perturbaciones en el oleaje pero no podían significarlas como embarcaciones. Semenovich Vigostky, un destacado referente y estudioso de los procesos de aprendizaje sostenía que sólo podemos aprender aquel concepto que se encuentra dentro de nuestra zona de desarrollo próximo. Todo lo que esté más allá de esta región literalmente no existe. Una afirmación que podría hacernos cuestionar todo aquello que definimos como realidad...

Sin embargo, más allá de la indudable utilidad de la memoria, la fijación en el pasado puede traer consecuencias devastadoras en un mundo de cambio permanente. El estrés (ver artículo en este boletín) es un síntoma que nos muestra nuestro particular apego con el pasado. El organismo se expresa a través de un estado interno (estrés) que procura movilizarnos hacia una adaptación activa a la realidad. Este es su sentido más primitivo. Lo que sucede es que en lugar de buscar comprender sus mensajes, intentamos combatirlo como quien elimina el mensajero o rompe el termómetro para no ser conciente de la fiebre. En muchas ocasiones lo que nos dice es simple, "despréndete de tus formas ser en el mundo y aprende nuevamente; los pensamientos, emociones y conductas aprendidas en el allá y entonces necesitan ser actualizadas".

Todo nuestro conocimiento tiene asiento en el pasado y esto es inevitable. El problema es la falta de voluntad para actualizar los contenidos de nuestra memoria. La familia por ejemplo, es sin dudas una de las fuentes de inspiración más significativas que hemos utilizado para formar una visión del mundo. La escuela, el instrumento que formó y preparó nuestra mente para resolver los problemas y obstáculos cotidianos. Tal como sucede en el reflejo que nos muestra el avance de la informática, gran parte de estas referencias han entrado en franca obsolencia. Los consejos bien intencionados de los padres y la lógica formal inscripta en la manera de aprender en la escuela, no logran ser aplicados efectivamente en el mundo actual, porque provienen de un conocimiento efectivo en su momento, pero desactualizado al tiempo presente. Por otra parte la aceleración de los cambios crece exponencialmente, lo que se traduce en desfasajes cada vez más importantes entre los recursos y herramientas que disponemos, y las que son requeridas por el contexto social y cultural en que vivimos. El estrés crece entonces, junto al crecimiento de este desfasaje.

¿Cuál es el secreto de la actualización continua? El permitirnos poner en cuestión los supuestos respecto de como es la realidad para nosotros. El instalar la pregunta en lugar de aferrarnos permanentemente a las respuestas autobiográficas que brindan una falsa seguridad y que no son más que certezas en pronto desuso. Cultivar una actitud abierta al aprendizaje permite asimilar las complejidades de la vida cotidiana con mayor naturalidad y sin las tensiones emocionales habituales.

La aventura de observar; la conexión con el presente

A mediados del siglo pasado la física cuántica presentaba con rigurosidad científica un postulado absolutamente revolucionario: "el observador modifica el hecho observado". Esta conclusión muestra como en la medida que vamos siendo concientes de nuestro presente a partir de observarlo con mayor atención, estamos siendo co-creadores del futuro. Observar es mucho más que mirar. Implica ver qué es lo que allí sucede con la totalidad de los sentidos.

Observar estando presentes un atardecer, los rostros y expresiones de los compañeros de trabajo en una reunión, los eventos curiosos y encuentros "casuales" que vivimos a diario, son sólo algunos ejemplos en los que podemos llevar la atención hacia el mundo externo. Observar estando presentes nuestro cuerpo, sus señales y síntomas, nuestra mente y la direccionalidad de nuestros pensamientos frente determinados estímulos, y nuestras emociones o estados anímicos más frecuentes, son algunos ejemplos en los que podemos llevar la atención hacia el mundo interno.

Se trate de ir hacia adentro o hacia afuera, el ejercicio de observar nos permite ingresar a un terreno de aventuras inimaginables. La vida se vuelve más intensa, más rica en expresiones, más interesante y sorprendente, más DIVERTIDA! Tal como sostenía Marcel Proust "el verdadero acto de descubrir no consiste en hallar nuevas tierras, sino en verlas con nuevos ojos ".

La práctica de la observación transforma la vida y la manera de experimentarla.

Permite expandir la conciencia de lo que nos sucede y de esta manera nos brinda mayor libertad

Abre el camino hacia el descubrimiento de nuevas realidades

Incrementa la efectividad de nuestras decisiones

Despierta estados emocionales placenteros como la alegría, el asombro y el entusiasmo

Brinda tranquilidad y paz interior

Mejora la forma en que nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos

Fortalece nuestro dominio personal y la salud psico-física

Nos conecta con lo trascendente y la espiritualidad

 

Finalmente te invitamos a que intentes lo siguiente...

    1. Elige algo que quieras experimentar plenamente en tiempo presente. Puede ser el sabor de una fruta, el sonido de una música, los colores del atardecer, el movimiento de las aves...
    2. Contempla el evento con comodidad y evita de ser posible distraerte o moverte
    3. Intenta vaciar tu mente del pasado y el futuro
    4. Piérdete en la profundidad de los sentidos
    5. Siente, observa, huele, escucha aquello que has elegido como si el mundo fuera sólo eso y verás lo que sucede al vivir en tiempo presente!

 

Hasta pronto.-

 

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