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El misterio de la vida

Los antiguos filósofos griegos creían que el universo estaba compuesto por cuatro elementos básicos: el fuego, la tierra, el agua y el aire. Estos elementos no eran considerados en el sentido material sino que se pensaban como verdaderas esencias espirituales.

De acuerdo a la antigua cosmovisión griega los cielos, las estrellas, las montañas, los animales, y hasta el mismo ser humano eran parte de una totalidad absolutamente interconectada e interdependiente. Asimismo suponían que todo lo que existe en el universo se hallaría conformado por combinaciones de cuatro elementos básicos: agua, tierra, aire y fuego(1). Estos elementos no eran considerados como sustancias materiales sino como auténticas esencias del mundo espiritual. Cuando hablaban del agua no le daban el mismo significado que le damos en la actualidad. Para ellos el agua común era una sustancia que tenía una mayor proporción del elemento agua aunque también consideraban que contenía bajas proporciones de los demás elementos. Esto explicaría por ejemplo el fenómeno de la vaporización. Aumentar la temperatura del líquido produce evaporación gracias a que el agua común tiene además un porcentaje de fuego y de aire dentro de su composición elemental.

Consideraban además que el universo estaba gobernado por un permanente fluir energético de intercambio entre los 4 elementos. Por ejemplo y tal como decíamos anteriormente, el agua de un vaso dejada al reposo en determinadas condiciones de presión y temperatura por un determinado tiempo, terminaría eventualmente transformándose en aire. De acuerdo a sus supuestos todo en el universo se encuentra en continua transformación a partir de leyes que se expresan claramente en el mundo de la naturaleza. El hombre es el único ser del planeta capaz de interferir en ese proceso de transformación de una manera conciente, muchas veces en forma contraproducente. Su principal virtud del raciocinio, tal como destacaban los griegos, puede ser también su principal defecto. Esta afirmación resulta particularmente evidente en los tiempos que corren… donde el exceso de fuego, producto del paradigma predominante económico y cultural a nivel global, quizás nos esté calcinando lentamente…

Las demandas de estos tiempos…

Más allá de las teorías surgidas del mundo griego, en la actualidad podemos encontrar innumerables corrientes filosóficas, religiosas y hasta científicas que hablan de la interconexión entre los fenómenos. Desde esta perspectiva podríamos afirmar lo siguiente. El calentamiento global en el ámbito natural, los enfrentamientos sociales y religiosos en el ámbito colectivo, y la aparición del estrés como pandemia en el ámbito personal dan cuenta de un desequilibrio energético en el que el elemento fuego ha alcanzado proporciones extraordinarias.

Tanto calor en el planeta probablemente requiera de enormes cantidades de agua para que el equilibrio pueda ser reestablecido. Esto podrá ser comprendido mejor hacia el final del artículo. Tal como sostiene la milenaria tradición taoísta, todo exceso de yang se transformará eventualmente en un exceso de yin; su fuerza opositora. Siguiendo este criterio el fuego en exceso debería transformarse en eventualmente en exceso de tierra no sin antes pasar por el elemento agua. Es importante tener en cuenta que la restauración del equilibrio no es algo que el hombre pueda evitar. El cambio es una ley universal ineludible más allá de toda inteligencia y tecnología.

Los científicos ya han pronosticado que de continuar calentándose el planeta los polos podrían derretirse a una velocidad tal, que enormes extensiones costeras quedarían debajo de las aguas. Algunos hablan incluso que de profundizarse este fenómeno podríamos ingresar en una nueva era glaciar característica del elemento tierra. En la economía ya comenzamos a ver como los mercados mundiales están ingresando en una especie de repentino enfriamiento de características recesivas de escala nunca vistas. En los ámbitos personales cada vez son más frecuentes las enfermedades que derivan del estrés cotidiano obligando a disminuir abruptamente el ritmo cotidiano y a reflexionar respecto de las consecuencias, prioridades y estilos de vida existentes.

Algunas de las preguntas a responder luego de esta reflexión podrían ser… ¿Qué rol habremos de jugar en este proceso de restauración del equilibrio individual, colectivo y planetario? ¿Seguiremos interponiéndonos al inevitable enfriamiento que parece avecinarse, contribuyendo al incremento de un calor que cada día se hace más dificil de tolerar o nos alinearemos definitivamente con las demandas de la época fluyendo más armónicamente con los cambios que el ciclo de la vida parece proponernos?


La relación entre los elementos y el temperamento

De acuerdo a los descubrimientos de Empédocles de Agrigento en el siglo V A.C., los cuatro elementos básicos o raíces como él los llamaba, conformaban además en el hombre una particular estructura psíquica. Estos descubrimientos dieron origen a la famosa “Teoría de los cuatro temperamentos” acuñada por Hipócrates, padre de la medicina occidental(2) La teoría propone la existencia de cuatro tipos de temperamentos caracterizados por tendencias hacia determinados comportamientos:


1. Sanguíneo simbolizado por el elemento aire daría cuenta de una personalidad imaginativa, benevolente, soñadora, sencilla, agradable, bromista, animada, sociable, misericordiosa, intelectual, creativa, racional*, observadora y charlatana. Su opuesto es el agua.

2. Colérico simbolizado por el elemento fuego daría cuenta de una personalidad irascible, audaz, impetuosa, ingeniosa, áspera, tenaz, autoritaria, perseverante, impulsiva, idealista, sensorial*, egoísta, optimista, altruista y vehemente. Su opuesto es la tierra.

3. Melancólico simbolizado por el elemento agua daría cuenta de una personalidad astuta, avara, negligente, estable, seria, ordenada, poco sociable, empática, flexible, receptiva, conciliadora, dramática, romántica, reflexiva, emocional* y desconfiada. Su opuesto es el aire.

4. Flemático simbolizado por el elemento tierra daría cuenta de una personalidad perezosa, fuerte, pragmática, confiable, olvidadiza, paciente, indiferente, contenedora, perseverante, firme, segura, calma, objetiva, conservadora, intuitiva* y somnolienta. Su opuesto es el fuego.

Tal como sucede con todo lo que existe en el universo, toda persona se encuentra conformada por alguna combinación de estos 4 elementos y temperamentos. Estos a su vez pueden relacionarse con las cuatro estaciones del año y lo que estás proponen(3).

Tal es así como una persona típica de aire goza de una gran capacidad para abrir e iniciar diferentes actividades y pensamientos. Esta habilidad puede vincularse con la estación de la primavera donde la vida parece recomenzar en múltiples formas. Tal como sucede con el viento característico de esta estación, el aéreo lleva las semillas de la comunicación de un lado a otro lo que lo convierte en un ser altamente sociable. A los sanguíneos, gracias a su extraordinaria imaginación, les resulta más fácil crear permanentemente nuevas ideas aunque tienen ciertas dificultades para llevar estas ideas del terreno de lo abstracto al terreno de lo concreto. También por su naturaleza aérea les resulta más difícil conectarse con el mundo anímico y corporal, y pueden parecer distantes ante los ojos de los demás.

La persona de fuego por su parte tiene una gran capacidad para la acción. El fuego es pura acción y por tal motivo puede vincularse con la estación del verano, que es donde la naturaleza produce sus frutos. El fuego por otra parte transforma todo lo que toca y parece no detenerse ante ningún tipo de obstáculos. Los coléricos cuentan con una extraordinaria energía y necesitan material combustible para poder liberarla. Su enorme poder, considerado de carácter divino por diferentes culturas, puede ser utilizado para hazañas extraordinarias o terribles desastres. El fogoso impone respeto donde se encuentre por lo que se lo asocia con figuras de poder, superioridad y mando. La contracara tiene que ver con las dificultades para poder detenerse y analizar las consecuencias de sus actos o revisar la dirección de avance. Su irascibildiad, evidente en comportamientos quejosos y enjuiciadores, les quita capacidad para conectarse con la intimidad y la sensibilidad.

La persona de agua cuenta con una extraordinaria capacidad de revisión y análisis. Puede conectarse con el trauma y el proceso de marchitamiento o finalización de ciclos y cirscunstancias de la vida, por lo que se lo relaciona directamente con el otoño. Se mueve como ninguno en el terreno emocional. Por milenios se le ha conferido al agua la propiedad de trasmutación entre diferentes estados. El bautismo en el cristianismo tiene este sentido. El agua elimina el pecado original y las diferencias sociales y habilita a ingresar a una comunidad indiferenciada ante los ojos de Dios (Proceso de solubilización o solutio como se lo conoce en las ciencias alquimistas.) Por otra parte le resulta muy difícil poder desapegarse de sus propias emociones y de las de los demás. Tiende a moverse al ritmo que marcan los estados anímicos del entorno. Busca permanentemente afecto y aprobación y esto lo condiciona significativamente.

La persona de tierra es capaz de dar forma a aquello que no la tiene. Se la relaciona con el proceso de síntesis donde se acomoda para volver a recomenzar. Por este motivo podemos vincularla con el invierno. Su extraordinaria paciencia y parsimonia permite que los procesos restauradores puedan ocurrir. Por este motivo se lo relaciona también con los estados de oníricos conciencia. Tiene una fuerza que se hace presente donde esté, como si se tratara de una inmutable montaña. Puede actuar como sostén lo que la hace confiable frente las necesidades ajenas. Suele asumir el rol protector, colaborador y proveedor de todo lo que la familia necesita. Transmite estar bien plantado. Se conecta bien con el cuerpo y las cuestiones terrenales. Es concreta y pragmática por lo que no suele correr grandes riesgos lo que le genera serios inconvenientes frente a los cambios imprevistos.

La buena salud tal como la entendían los griegos de aquel entonces, suponía contar con una composición equilibrada de los cuatro elementos espirituales. La falta de disponibilidad de un elemento que es requerido por los acontecimientos de la vida suele expresarse a partir de alguna forma de dolor psíquico, físico o emocional. El sentido de ese dolor será mostrar tal carencia. El reconocimiento de su significado y la acción correctiva posterior podría eventualmente facilitar el acceso a un estado de conciencia de mayor equilibrio.

Finalmente cabe destacar que no existe un elemento absolutamente superior a otro. Lo que sí habremos de tener en cuenta es que cada elemento cumple una función específica y en determinadas condiciones de contexto será de mayor utilidad frente a los demás. Como la vida propondrá una variedad infinita de situaciones, disponer de los cuatro elementos en similar medida nos brindará una mayor flexibilidad y amplitud de recursos.

Esperamos que este artículo haya resultado de tu interés. Hasta pronto!


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1: Teoría desarrollada por Empédocles de Agrigento durante el siglo V AC. Sacerdote, filósofo, curador, vidente, llego a ser un extraordinario profeta. Contaba con un excepcional talento para la cura.
2: La teoría de los 4 temperamentos se atribuye a Hipócrates expuesta en su tratado “De la naturaleza del Hombre”; 400 a 360 AC.
*: Funciones de la conciencia; teoría del psicólogo suizo Carl Jung
3: El número 4 era un número sagrado para los Pitagóricos. Podemos comprender su devoción a partir de la cantidad de fenómenos que se relacionan con este número. Ej: 4 elementos básicos, 4 temperamentos, 4 estaciones climáticas, 4 puntos cardinales, 4 funciones de la conciencia, etc. A su vez categoría fenoménica guarda una estrecha relación con las demás.

 

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